De trabajar en un hospital a escritor: la historia de cómo cambió mi vida gracias a la escritura

Publicado 21 febrero del 2026

Durante muchos años pensé que mi camino estaba claro. Desde chico sentía el deseo profundo de elegir una profesión con propósito, buscaba una manera de ayudar a otros y darle sentido real a mi vida. Creo que es algo natural o instintivo en el ser humano; buscar un propósito…

Ese sentimiento siempre estuvo presente en mi interior. A veces era muy claro, poderoso, notorio y otras veces ese llamado parecía calmarse…

En mi familia, varias generaciones más arriba, hacia la izquierda y la derecha, nadie ni siquiera «había comenzado la facultad». Muchos por necesidad tampoco pudieron terminar el secundario. Entonces por un fuerte deseo familiar y una motivación personal, decidí anotarme en la Facultad de Ciencias Médicas de la ciudad de Rosario. Sentía que ya era hora…

La medicina apareció a una edad que si escuchaba «las voces de afuera» ni siquiera lo intentaba. Tenía 29 años. Pero decidí no escuchar a nadie y caminar hacia un sueño que parecía posible, casi romántico. Tener un título universitario…

Sinceramente no tuve grandes experiencias en la primaria y en la secundaria. Épocas de muchas heridas, épocas crueles, difíciles. Debido a mi angustia galopante, nunca pude tener un buen rendimiento escolar. Es que los adolescentes a esa edad no tienen ningún tipo de piedad. Sacan la peor miseria que aprenden de sus casas… pero bueno, esa es otra historia para otra oportunidad…

Entonces ¿qué me quedaba por hacer? Confiar en mí, yo sabía que era un buen alumno…

Avanzar por tus sueños sin escuchar a nadie: aunque las posibilidades parezcan nulas

Eso hice. Y sí, en ese momento era un sueño. También eran un desafío personal. Muy personal. Quería demostrarme a mí mismo, a mi familia que tanto sufrió conmigo durante la primaria y la secundaria; que en realidad yo era un excelente estudiante. Lo que pasa que por el padecimiento que sufrí en aquellos tiempos… lamentablemente no lo pude demostrar…

Pero esta vez sería distinto. Me había dado muchos gustos. Estudié teatro, era docente, me divertí mucho aprendiendo a actuar en varias obras teatrales en mi ciudad, Buenos Aires. ¡Hasta participé en cine y TV! 😃🎬

Sentía que tenía la madurez suficiente y «la calle» para afrontar esta etapa de la manera más madura y profesional posible. Obvio que había voces que decían:

«¿Pero a vos te parece meterte en la facultad de Ciencias Médicas con 29 años? Es más fácil cuando apenas salís del secundario, te va a costar muchísimo…»

¡Menos mal que no escuché a esa persona! Siempre hay gente que te dicen esas cosas: se piensan que como ellos no pueden, entonces vos tampoco…

Una parte era cierta. Lógicamente tenía compañeros de 20 años. Pero también había gente de mi edad e incluso más grandes. Para ser preciso había dos personas que eran más grandes que yo. ¿Los resultados? Terminé la carrera en tiempo y forma con un promedio de 8.50. Los tres más grandes de la clase, los que «supuestamente habíamos empezado tarde y nos iba a costar», terminamos siendo los mejores promedios de aquella promoción…

Al salir luego de rendir la última materia, me desplomé. Estallé en lágrimas. Me senté un rato en la calle y había personas que se me acercaban para preguntarme si estaba bien…

Yo les dije:

«Tranquilos, estoy llorando de felicidad»

Matías Banegas el día que se recibió como profesional de la salud
La felicidad del día en que me recibí

Si te equivocaste, tu propósito mismo te lo hace saber

Cuando me decidí por una carrera de salud, estaba convencido que trabajar en un hospital, dedicarme a cuidar, a sanar, a estar donde la vida duele, me iba a dar otra perspectiva. Siempre admiré al médico, al personal de enfermería, sus guardias nocturnas, su coraje, su esfuerzo, sus conocimientos, su valentía…

A pesar de estar trabajando como profesional de la salud desde hacía años, había algo en mí que no estaba en su lugar. Llevaba cinco años de recibido, pasando por clínicas, hospitales, centros de rehabilitación, plantas industriales y ambulancias. Tenía experiencia, estabilidad y reconocimiento. Y, sin embargo, no lograba encontrar mi lugar. No había forma.

Me levantaba todos los días y no me sentía conforme o pleno ni con mi puesto laboral ni con mi profesión…

No era una cuestión de «lugar» era una cuestión de propósito.

Eso ya lo tenía claro. Porque a pesar de haber logrado algo que me parecía «inalcanzable» y que cada vez que lo recordaba me provocaba una sonrisa, sentía que mi lugar no era ese. Era otro…

Quizás hay mucha gente que trabaja de algo que no le gusta y aun así siguen adelante. Se dicen a sí mismos:

«Bueno, total me da de comer. ¿Quién trabaja de lo que le gusta hoy en día?»

Pero la verdad yo no quería eso para mi vida. El conformismo, gracias a Dios, es algo que hace muchísimos años ya no vive en mí.

Me costó cinco años entenderlo y juntar coraje para tomar la decisión de cambiar de vida laboral.

Durante mucho tiempo me engañé. Creía que tener un trabajo ligado al servicio me iba a devolver la plenitud que tanto buscaba. Pensaba que ayudar a otros, guiarlos y dedicar mis días, incluso mis navidades, a una profesión de entrega constante, iba a cerrar ese vacío interior.

Me repetía mentalmente que servir era suficiente, que el sacrificio me traería paz. Pero nunca ocurrió.

El sistema de salud en Argentina se encargó de golpearme con la cruda y vil realidad. Y terminó por apagar todos mis sueños románticos, delirantes e irreales con una dosis de vida real en el campo de batalla…

Aquel sueño «shakesperiano» que tanto había anhelado en conjunto con mi familia se desvanecía lentamente. Era real en un título, en un diploma con un logo hermoso que decía «Ciencias Médicas». Pero por otro lado estaba dentro de una hipocresía destructiva, que afectaba mi mente, mi cuerpo, mis emociones y más adelante me llevaría a tomar las decisiones más fuertes de mi vida…

¿La escritura? ¿Vivir de escribir?

Ni siquiera era un pequeño pensamiento en aquellos tiempos. Lo único que sabía era que tenía que salir de aquel sueño que se convirtió en pesadilla…

Vivir dentro de un sueño prestado: el peso silencioso de una crisis vocacional

Las guardias largas, el desgaste emocional, los mareos y los dolores físicos empezaron a mostrar otra cara de la realidad.

Lo que no me animaba a decir con palabras, mi cuerpo lo gritaba con síntomas: no quiero estar acá…

Es que muchas veces no nos damos cuenta pero tomamos decisiones que no son nuestras. Vivimos dentro de un sueño prestado, haciendo «realidad anhelos ajenos» que los hicimos tan propios que ni siquiera nos dimos cuenta…

Esta crisis profesional no sucede de un día para otro. Las dudas sobre el futuro laboral no aparecen en silencio o porque sí. De a poco empecé a sentir de nuevo ese «fuego interior» que les comenté al principio. Ese sentimiento poderoso de propósito, de querer ayudar a otros, de sentirme «un puente» entre un corazón necesitado y la felicidad duradera, real. Pero no había dudas de que no era a través de la medicina.

Entonces me preguntaba confundido:

¿Por qué me siento así si ya me recibí?

¿Por qué me siento tan vacío después de tanto esfuerzo?

¿Será que me equivoqué de carrera? ¿Será que soy un eterno inconformista?

Lo que estaba viviendo ya no era solo cansancio. Era una crisis vocacional profunda, acompañada de un quiebre emocional que me obligaba a hacerme preguntas cada vez más incómodas e inquietantes…

¿Voy a pasar toda mi vida sintiendo que algo falta?
¿Es normal vivir con este miedo al futuro aun teniendo estabilidad?

Porque lo paradójico es que, desde afuera, todo parecía correcto. Tenía seguridad, estructura, un camino definido. Y sin embargo, por dentro, algo no encajaba. Algo me llamaba y sentía que todavía había algo más por aprender y descubrir…

El miedo a lo nuevo y dejar un trabajo estable: vivir de escribir estaba cerca

Reconocer que necesitaba un cambio fue solo el comienzo. Lo verdaderamente difícil vino después. Aceptar que debía dejar un trabajo estable implicaba enfrentar un temor muy concreto: el miedo a cambiar de vida laboral por completo. Era un giro de 180°.

Y de nuevo empezaban otra vez los opinólogos 😁

«¿Te parece dejar un puesto público de la provincia que tanto te costó conseguir? Acá te podes jubilar, tenés trabajo para toda tu vida»

Por dentro yo pensaba mientras me decían eso: sí, ¿pero a qué costo?

Y seguían…

«¿Y qué pensás hacer de tu vida? ¿A qué te vas a dedicar ahora? Para tomar una decisión así tenes que tener algo asegurado ya…»

Menos mal que ¡de nuevo no los escuché…!

Pero en algo tenían razón, para una decisión de semejante magnitud, necesitaba tener la mayor certeza posible; que cuando finalmente de ese «salto de fe», ese salto de confianza hacia mi nueva vida laboral, haya agua del otro lado…🌊

No tenía mucho margen de error…tenía que funcionar o funcionar.

«Pero aunque suene poético, a veces el alma tiene certezas que la razón no sabe explicar. Y yo estaba convencido de que estaba tomando la decisión correcta».
Matías Banegas en su última guardia en el hospital antes de cambiar de rumbo profesional
Mi última guardia en el hospital

Empezar de nuevo: mi nueva vida como escritor

La escritura llegó como un plan perfecto. Llegó como una necesidad al principio, hasta como un escape de mi vida anterior; pero después empezó a pagar con creces y a regalarme «esas sensaciones» que tanto estuve buscando en toda mi vida…

Por primera vez en mi vida al terminar un trabajo o una jornada laboral lo hacía con plenitud, lleno, orgulloso de lo que hacía, con una sonrisa de oreja a oreja.

La felicidad era total.

No porque no me sintiera orgulloso de mis trabajos anteriores, simplemente que el elegir este estilo de vida, trabajar como escritor, fue una decisión 100% mía…

Todo comenzó en 2020. Épocas tristes en el mundo. Era el auge de los trabajos remotos; ser freelancer y trabajar desde casa era una novedad pero también una necesidad para los tiempos de pandemia…

Durante toda mi vida siempre alguien me ha dicho que «tenía facilidad para escribir» y comunicar. Entonces ese pensamiento tan puro vino como un regalo y me dije:

¿Y si mi futuro está en las palabras?

Así comenzó mi historia como escritor online. Sin garantías, sin contactos, tampoco contratos, pero con certezas. Era ese propósito hablando…

Empezar de nuevo mi vida laboral y haciendo lo que me gusta, son de esas sensaciones que son casi imposibles de explicar… El camino del escritor se siente «como estar enamorado», es una pasión que hay que prepararse, regar, invertir, cultivar, volver a invertir… y confiar. Si lo haces desde el corazón, si escribís desde el alma, no hay nada que pueda salir mal…

Ese proceso fue, en esencia, descubrir la vocación de escribir. Nada más y nada menos. Pero no como hobby; sino como forma de vida…

¿Qué tal?

Ser escritor independiente y emprender tu negocio

Convertirse en escritor independiente no es romántico al principio. Tal vez «suena a película» pero te ahorro la trama… no es tan así. 😁

Porque al principio tu trabajo es buscar trabajo, es generar oportunidades en un mundo absolutamente nuevo. Es aprendizaje constante, errores, dudas, silencio, «puertas digitales» que se cierran en tu nariz una y otra vez…

Y siempre en algún momento pensás que «te equivocaste». Pero lo que «pensamos» los seres humanos, el 80% de las cosas nunca pasan.

Mi buena jugada fue la siguiente: ya había preparado el terreno para el gran salto de mi vida. Ya sabía que había «agua en la pileta». No podía arriesgarme…

¿Si querés un consejo de escritor? Si querés cambiar de vida seguramente te habrás preguntado: ¿Puede vivir de escribir? ¿Puedo vivir de vender mis libros? ¿Puedo vivir siendo copywriter? Y la respuesta es: sí, definitivamente se puede…

Mi consejo es simple: antes de lanzarte, asegurá el camino. Necesitás claridad sobre cómo vas a pasar del punto A al punto B. El camino del escritor es largo, y si decidís asumir este estilo de vida, no alcanza con entusiasmo. Trazá de antemano al menos dos fuentes de ingreso. Si una se cae, la otra sostiene. A mí me funcionó. Soy metódico; la incertidumbre no me paraliza, pero tampoco romantizo la situación…

Cuando comencé este camino, vivir de la escritura desde cero, aprendí muchas cosas a puros golpes, preguntando, equivocándome, corrigiendo, mejorando, puliendo…

Por ejemplo tuve que aprender cosas claves como:

  • cómo ser un escritor independiente sin contactos previos
  • trabajar como escritor online para clientes reales y empresas exigentes
  • Ser freelance y trabajar como escritor desde la disciplina, el profesionalismo y el esfuerzo.

Estos fueron mis primeros desafíos en el mundo de la escritura. Ahí entendí que el talento ayuda, pero la perseverancia decide.

Matías Banegas en su último día como enfermero en una empresa de emergencias
Mi último día como enfermero en una empresa de emergencias

Vivir siendo escritor independiente

Con el tiempo, lo que parecía imposible empezó a volverse real. Proyectos, clientes, oportunidades. Pequeños pasos que, sumados, construyeron algo nuevo, algo que siempre había soñado…

Así llegué a vivir siendo escritor independiente. No de un día para otro. Con un plan, ejecutando estrategias, aprendiendo, invirtiendo, ejecutando y cosechando.

Decir en «voz alta» que hoy puedo trabajar como escritor freelance, crear contenido, contar historias, ayudar a marcas a progresar, a crecer, a tener una voz, una identidad… ¡es algo que no puedo creer! Es una responsabilidad inmensa. Pero hermosa.

Pero lo más valioso no es solo vivir de esto. Es haber encontrado un camino con sentido y haber escuchado esa voz llamada «propósito» que me llamaba… ¿Lo demás? ¡Tiene que incentivarte!

Ayudar a otros a vivir de la escritura

Tal vez lo más inesperado de todo este proceso fue descubrir que mi historia como escritor podía servirle a otros. Debo admitir que nunca lo había pensado.

Empresas que me contratan para contar mi historia, en una Meet, en un Zoom, en una oficina o conferencia. Es increíble, personas que te pagan por hablar. Se trata de «solo» compartir experiencias, conocimientos, anécdotas, errores, aprendizajes. Eso es oro puro para las empresas. Es escuchar una experiencia en tiempo real, «un shortcut» de la vida misma…

¿Te diste cuenta de algo? ¿Por qué puse «solo» con comillas angulares?

Por el simple hecho de que «hablar» puede hablar cualquiera. Pero contar experiencia rica, datos medibles, experiencia en terreno, errores, pruebas, aprendizajes, eso es otra historia…

Por eso, además de escribir, decidí ayudar a otros a vivir de la escritura. A editar libros, a encontrar la identidad, el corazón y la voz de una marca; a publicar una obra, a escribir guiones que funcionen, etc. Como verás el mundo de la escritura es más infinito del que te imaginabas…

¿En dónde te ves?

Y por cierto, si algo aprendí en este camino es que nadie debería sentirse solo cuando decide empezar de nuevo.

¡No te olvides, quién escribe con el corazón, transforma el mundo! ✨

Si algo de esta historia te movilizó, si te sentiste identificado o si estás pensando en empezar de nuevo, suscribite y quedate cerca.

Matías Banegas en su espacio de trabajo, feliz, con una planta, un café y una biblioteca, celebrando su vida como escritor
La paz de estar donde tenía que estar